“La forma más sencilla de apoyarnos es estar presentes.”
Andrea Hernandez-Rodriguez, clase 2027
Cuando llegó a la facultad de derecho, Andrea Hernandez-Rodriguez buscaba entre sus compañeros a alguien que la hiciera sentir un poco más en casa. Hoy, como presidenta de la Sociedad de Alumnos (Student Bar Association), está ayudando a construir justo la comunidad que ella necesitaba al llegar.
Andrea cursa el tercer año en Widener University Commonwealth Law School. Nació en México y creció en el condado de Lebanon, Pensilvania. Recuerda que, en la semana de inducción, buscaba a otros estudiantes hispanos, quería encontrar a alguien que entendiera, aunque fuera un poco, de dónde venía.
Esa conexión llegó en una clase de procedimiento civil. Se volteó, conoció a Michelle Ildefonso-Ruelas y, al descubrir que las dos eran Mexicanas, decidió en ese momento que iban a ser amigas.
Después vinieron más amistades y su participación en LALSA, la asociación de estudiantes latinoamericanos de derecho. Rodearse de gente que compartía su cultura y sus vivencias le ayudó a encontrar su lugar en una facultad a la que le había costado mucho llegar.
Ahora quiere que sus compañeros sientan ese mismo sentido de pertenencia. A veces eso significa ayudar a alguien a aterrizar una idea y convertirla en evento. Otras, simplemente ir a la actividad que otra organización tardó semanas en preparar. Y casi siempre empieza con algo tan sencillo como saludar a alguien por su nombre.
“Creo que la forma más fácil de apoyarnos es simplemente estar presente”, dice.
Sabe muy bien lo que vale ese apoyo, porque su lugar en la facultad nunca estuvo asegurado.
Entró gracias al Programa de Admisión a Prueba, que les da a los aspirantes la oportunidad de demostrar que están a la altura. En ese momento, cuenta, era la única puerta que tenía para estudiar derecho.
“Widener creyó en mí”, dice.
El programa le permitió conocer de antemano las materias, a los profesores y el ritmo de los exámenes. Para alguien que tiende a darle mil vueltas a todo a la hora de presentar un examen, llegar con esa experiencia hizo la diferencia. Pero lo que más le marcó fue ver que había profesores dispuestos a dedicar su verano a enseñar a estudiantes cuyo potencial no siempre se refleja en un examen de admisión.
Para ella, la carrera de derecho nunca ha sido una carrera por el primer lugar. Lo que la ha traído hasta aquí son las ganas, la pasión y la disciplina, además de las experiencias que le han confirmado que este es su lugar.
Su interés por el derecho nació al ver cómo los temas migratorios se volvían parte de la vida de su familia, y creció cuando trabajó en una organización de Lancaster que apoya a la comunidad inmigrante. Valoraba mucho ese trabajo, pero sentía que podía aportar más.
Lo que no tenía claro era cómo.
Al principio pensó en ser abogada penalista. La experiencia de un familiar con el sistema de justicia le dejó claro lo mucho que importa tener acceso a una representación legal. Pero al terminar su primer año hizo prácticas en un juzgado y conoció de cerca la carga emocional de ese trabajo, sobre todo en los casos con jóvenes.
Fue entonces cuando empezó a preguntarse dónde podía hacer más bien.
Y en eso llegó la clase de Derecho Administrativo con la profesora Jill Family.
La materia se le quedó mucho después del examen final. Le encantaba la forma de enseñar y el sentido del humor de Family, y descubrió que le atraía ese punto donde se cruzan el derecho, el gobierno y la política. Supo que quería seguir por ese camino.
Un curso de derecho administrativo estatal con el profesor Joel Cheskis la llevó a hacer prácticas en la Oficina del Defensor del Consumidor de Pensilvania, donde desde el verano ha estado aprendiendo sobre derecho de servicios públicos. Actualmente cursa un certificado en derecho administrativo y constitucional, y obtuvo un premio CALI, que reconoce la calificación más alta de un curso, en el seminario de derecho de vanguardia que imparte Family.
Nunca se imaginó dedicándose a esta área. Pero haberla descubierto le enseñó lo valioso que es mantenerse abierta: a una materia desconocida, a la recomendación de un profesor o a una oportunidad que ni siquiera tenía en el radar.
Esa misma disposición a atreverse a lo nuevo la ha acompañado fuera del salón.
En su segundo año fue tesorera de LALSA y vicepresidenta de OUTLaw, y ayudó a organizar un bingo drag en el campus, una de esas actividades que les dan a los estudiantes otra manera de juntarse y convivir. Ambas organizaciones están abiertas a cualquier estudiante.
Lanzarse a la presidencia de la Sociedad de Alumnos significó dejar cargos que disfrutaba muchísimo, sin saber si iba a ganar. Pero decidió que la oportunidad de aportar a toda la facultad valía el riesgo.
Hoy ayuda a sus compañeros a resolver esos detalles prácticos que a veces separan una buena idea de algo que todos puedan disfrutar. Cuando Brielle Kimmins, estudiante de segundo año, propuso un Rincón de Bienestar permanente, Andrea ayudó a revisar el presupuesto de la Sociedad de Alumnos y apoyó que se le diera un espacio. Cuando otro compañero quiso armar un torneo de básquetbol, ella le echó la mano con la logística y él puso el conocimiento deportivo.
“Creo que basta con una plática para empezar”, dice.
También se da el tiempo de ir a los eventos de otras organizaciones. Como ha estado del otro lado, organizando, sabe lo que significa que alguien llegue, invite a un amigo o se acerque al final a decir que valoró el esfuerzo.
Sus amigos piensan igual. Se animan unos a otros a involucrarse, a acercarse a los profesores y a conocer gente en todo el campus. Andrea valora mucho estar rodeada de personas que ven la participación como algo que vale la pena y que hacen que una carrera tan demandante se sienta menos solitaria.
Al graduarse, está abierta a oportunidades en el derecho administrativo y en otras áreas. Piensa llevar a su vida profesional las mismas ganas y dedicación de siempre, mientras construye una vida plena en casa con su familia y con su esposa, con quien se casó en enero.
A quienes todavía están encontrando su camino, les habla alguien que ha dudado, que ha cambiado de rumbo y que ha encontrado razones para seguir adelante.
“Todo va a salir bien”, dice.
Recuerda haber escuchado esas mismas palabras en su primer año y le costaba creerlas. Hoy quiere que otros estudiantes sepan que una buena experiencia en la facultad de derecho no se define por ser el primero de la clase ni por conseguir cada oportunidad. Se construye con esfuerzo, constancia y encontrando ese lugar donde sabes que perteneces.
La entrevista se realizó en el otoño de 2026.